La ley de los 15 minutos
Yulai dice que siempre que cuando ya quieras irte debes esperar 15 minutos antes de hacerlo. Estaba solo, con ansiedad social, decido tomarme una cerveza de $25, no lo pienso, Ecuador ganó. Como andaba con mi banderita en la espalda, mucha gente se acerca a celebrar, me quitan la bandera, bailan con ella; como ya me tomé una cerveza, ya se me hacía más fácil conversar, jajaja, no me refiero al idioma sino al ambiente. El mundial une a personas de todo tipo, hago muchos nuevos amigos de Holanda, Estados Unidos, Alemania. Una pareja de esposos me invita a una parrillada el sábado. Yo pensé que era por la euforia del momento, luego terminé yendo, ya lo cuento más abajo. En fin, ya son las 10, decido irme a casa, y antes de ir a la parada del tranvía decido aplicar la ley de los 15 minutos nuevamente. Voy caminando lento por la calle, viendo la ciudad, y me tocan el hombro un grupo de amigos americanos, me dicen:
—Which country?
Yo les digo Ecuador y les explico que hoy ganamos, no sé si me vieron feliz, y me dicen que con quién estoy, les digo que solo. Y me contestan:
—You are not alone anymore.
Me dicen que vamos a las bielas, que ellos me invitaban. Dije, qué es lo peor que puede pasar, que no amanezca, jajaja, decido ir. Personas increíbles, se dedicaban al real estate (bienes raíces), no me dejaron poner ni un sucre, hicimos muchísimos amigos, conversando, vamos a un par de bares, termino llegando a las 3 de la mañana a la casa. Una noche increíble.
Uno atrae lo que es, creo; le doy la razón a mi amiga, uno vibra en la misma frecuencia que otras personas y cuando se juntan pasan cosas increíbles. Conocí incluso a alguien que hacía voluntariado en Ruanda, sí, en África; me quedé fascinado con un montón de historias, que me faltan dedos para escribir cada una de ellas. Vuelvo a casa y digo qué buena noche, Dios es grande, hice tantos buenos amigos.
Al siguiente día bromeo con mis nuevos amigos por Instagram, y la pareja que me invitó a la parrillada me dice:
—¿Vas a venir?
Les digo que bueno; en el fondo nunca pensé que lo decían en serio.