STANFORD
Cuando iba caminando por la universidad, todo era de primera: las canchas, sus instalaciones de piscina, el campus, alumnos en convertibles. Todo se veía increíble.
Asisto a la clase que me tocaba, voy temprano por supuesto, no quería regarla si es que no llegaba a tiempo. Hago el check-in en el congreso, veo mi nombre y el nombre de mi empresa, «Solnus», en una credencial de Stanford. La guardo con mucho cariño. Bien, mi inglés un poco oxidado, intento comunicarme con la práctica cada vez más fluidamente, hasta cogerle el golpe. Me siento, me da vergüenza, todos parecen muy inteligentes. Escucho, aún mi oído se trata de acostumbrar al inglés. Hacen la inauguración, un profesor de Yale expone su paper de IA, no entendí nada y eso me emociona aún más. Hacen un break, tomamos el desayuno, todo all included, no tuve que pagar nada. Había personas de muchas nacionalidades, se notaba solo con el físico: asiáticos, hindúes, norteamericanos, etc. Todos dirigían una empresa.
Para variar, el ecosistema del congreso era de exalumnos de Stanford con startups con viento en popa. Era como estar viviendo un sueño; antes solo en documentales había escuchado de Palo Alto, ahora todos los que estaban ahí vivían en Palo Alto. Había startups que me convencían, otras que no tanto, no le encontraba un factor diferenciador genuino; sin embargo, TODAS las empresas tenían una red de contactos increíble. Por ejemplo, alguien hacía un CRM, su cliente era Verizon, Nike, regresabas a ver y no era un software increíble, era normal; claro, con la portada de que todo era impulsado por IA, pero no era tan genial. Me dedico a escuchar conversaciones, no aporto mucho, trato de entrar en calor.
Luego siguen las exposiciones y llega una profesora de Stanford, alta, de 55 años aproximadamente, que estaba desarrollando un modelo de regresión lineal paralela para predicciones del mercado financiero. Tuvo la osadía de decir:
—ChatGPT tiene que pasar 10 años para que haga lo que mi algoritmo hace.
En ese preciso momento mi cerebro dejó de tomar todo con admiración y de querer entrar en la jugada; imagínense el tamaño de los huevos que tenía esa man para decir eso. Con todo el respeto, claro.
Sabes que estás entre tiburones: mientras acá discutimos cuál IA es la mejor, ellos ven en las fallas del adversario una oportunidad de hacer una startup de millones. Sigo escuchando la conferencia, entre logaritmos y ecuaciones representadas en planos cartesianos, impulsada por computación paralela y redes neuronales. Solo digo: estos manes van en serio. Es decir, en Ecuador para ser desarrollador de software debes saber matemática normal como complemento; para ser nivel Stanford, la matemática debe estar siempre presente, si no sabes eso no eres nadie ahí. Por eso es que toda su arquitectura computacional corre tan rápido, porque sus servicios son desarrollados en función de matemáticas discretas y matemática pura.