La aventura de Stanford

De la ilusión a la realidad y de nuevo a la ilusión. Hace un año me pregunté que se sentiría ir a Harvard o Stanford, solo lo había visto en películas.
Jonathan en Stanford

Sanford 2025

Paso tanto tiempo en el mundo tec que había perdido el norte. Un fin de semana conversando en casa de mi mamá le digo:

—No sé cuál es mi siguiente destino —le digo, tal vez un poco agotado, porque así es esto: hay temporadas en que uno siente que no avanza, pero a veces mentes frescas y puntos de vista externos te hacen darte cuenta de lo obvio.

Retomando, mi ma me dice:

—Ándate a Silicon Valley, tú haces tecnología.

Entre mí pensaba: claro, facilito, mañana mismo, jaja. Siento que a veces lo vendo tan bien que lo hago ver tan fácil. Sin embargo, es motivante porque la gente espera mucho; eso es chévere porque te condicionas a no hacer lo mínimo. Digo que es chévere porque, si no le tomas el lado amable, puede resultar frustrante no poder cumplir con expectativas externas; sin embargo, uno se puede exigir aún más si toma como base los comentarios externos.

Esa conversación pequeña me hizo recordar por qué inicié la compañía. Cuando uno es joven, o al menos cuando estudiaba aún en la U, la meta era Silicon Valley; a veces mucho internet te hace pensar que puedes cualquier cosa, jaja. En mi caso me lancé a nadar sabiendo apenas lo básico, ni siquiera sabía cómo funcionaba Silicon Valley, hasta ahora, 10 años después de haber iniciado, que palpé de frente cómo era.

BIENAVENTURANZA

Me encanta una bienaventuranza que dice «bienaventurados los ignorantes, porque ellos serán felices»; esa frase estuvo y está presente en nuestra oficina desde siempre, en la pared, porque cuando desconoces de algo no solamente desconoces lo que puedes ganar, sino también lo que puedes perder. Si de pronto hubiese conocido Silicon Valley hace 10 años, o me impulsaba más o definitivamente me acobardaba a intentarlo. No tienen idea de la diferencia real que existe entre un emprendedor y personas que realmente cambian la realidad en la que vivimos.

Ya tenía un norte, ahora el punto era cómo. Había postulado mi ponencia para el Python Brasil (pueden ir al blog anterior, esa es otra historia chévere), pensando que no la iban a aceptar: cómo una ciudad que tiene la población de todo el Ecuador va a aceptar a un aparecido. Así que en mi cabeza recordaba a Reese de Malcolm, que en un capítulo le dice a su hermano que a veces la vida es «qué diablos». Empecé a postular a congresos y eventos en universidades de renombre, pensando también que qué van a aceptar. Me tomé mi tiempo porque debes llenar full cartas de motivación, es decir, por qué quieres ir; es tedioso, pero hay fines de semana que cojo mi computadora y no me le despego, porque siento que algo puedo hacer. A veces hago pausas, salgo a trotar, tomo aire y vuelvo a lo mismo: el que la sigue la consigue.

La aventura de Stanford

Computadora de los 70’s en operación, un cuarto completo.

Fue raro, pero Harvard y Stanford dijeron que sí. Primero fue Harvard, en un ala de la escuela de negocios; sin embargo, costaba como 10k un congreso, dinero que pensé que debía invertir en algo mejor. Lo tomé suave porque dije: capaz para luego. Sí te da cosas, porque hay cosas que merecen más tu atención e inversión en un determinado momento; solo diré que es intuición, la intuición es la mamá de los emprendimientos, a veces solo tienes una corazonada y decides irte por ahí. Un par de meses después llegó un correo de Stanford: era gratis y no solo era la escuela de negocios, era la escuela de negocios de exalumnos de negocios de Stanford y un evento que agrupaba a sus exalumnos. Encima iba a ver directamente a los que ya la hicieron, los capos de la tecnología en un mismo cuarto.


¿VALE LA PENA INVERTIR NUEVAMENTE? LA ETERNA PREGUNTA

Existen momentos de mucha abundancia y momentos como este, donde ya invertiste en cosas: invertí en oficinas nuevas y en un viaje a Brasil, y al mismo tiempo sabes que es una oportunidad única. Siempre he sido muy orgulloso en mis cosas y me gusta sacarlas por mi propio brazo; esta vez llegué a un punto en que hay que dejarse ayudar. Recurrí a donde recurriría cualquier desahuciado, mi familia, y con vergüenza pedí dinero porque en ese momento no tenía. Lo más sorprendente de todo es que en el fondo mi familia me tiene fe, no sabría cómo describirlo. Sé que voy en los tiempos correctos; sin embargo, la sociedad que nos rodea espera mucho en poco tiempo, o algo estándar. Siento que merezco que mi vida vaya más allá del estándar, que tenga emociones, riesgos, de todo un poco. Tal vez el escenario ideal para mí antes sería tener un trabajo, tal vez una familia o bienes; sin embargo, yo le aposté desde el día uno a construir algo que vaya más allá de eso. Con el pasar del tiempo creo que mi familia y amigos lo entendieron; claro, ahora hay algo más visible: hay un equipo, hay oficinas nuevas, hay cosas, computadoras, reconocimientos, etc. Digamos que poco a poco la gente se va convenciendo de que realmente estamos haciendo algo diferente; incluso el haber construido todo hace más fácil vender ideas.

Antes de irme a EU me di cuenta de que tenía un activo muy importante: mi nombre. Fue chévere escuchar a muchas personas, y sobre todo a las que me ayudaron, decir:

—Papito, te tienes que ir, Dios te ha bendecido con esa oportunidad y no puedes desaprovecharla.

Ahí es cuando se te hace un nudo en la garganta y dices:

—No los voy a defraudar.

Hasta hoy tanta gente ha ayudado a construir el sueño de Solnus que ya me resulta hasta descarado fallar. Hay plan A y debe funcionar; a estas alturas solo hay que buscar la grandeza o el éxito. Aquí no me voy a poner filosófico, tómenlo como quieran: para mí el éxito es lograr lo que por años uno sueña y por lo que sacrifica cosas día con día.

En el fondo sé que cada viaje tiene su retorno de inversión; de alguna manera esto construye mi marca personal, no solo por la experiencia, sino por los contactos, la visión, la perspectiva.

LOS EX-INGENIEROS DE IBM

Llegando a California trataba de desempolvar mi inglés, a pesar de que sabía que mucha gente hablaba español; algún tipo de intuición me decía que debía desempolvar el inglés.

Para los que no saben, en resumen, IBM es la empresa que siempre existió en lo que respecta a computadores, antes que todos. Los pioneros en hacer computadoras, de tubos de vacío, tarjetas microperforadas, etc.

Antes de ir al Airbnb decidí ir a un llamado museo de la computación. Como niño rata, me fui a un museo, me puse a ver cómo históricamente funcionaba todo, pues tenían ejemplares reales de las primeras computadoras, incluso tenían una parte de la UNIVAC, historia pura. Había Game Boys históricas, Ataris, PlayStation, ábacos, calculadoras mecánicas, sistemas análogos, etc.

Capaz un común de los mortales se va a aburrir; para mí era el mejor museo que había visto en mi vida. Pero aquí viene lo interesante.

En ciertas partes del museo había voluntarios de tercera edad. Al inicio no entendía bien, hasta que me acerqué a uno de los señores de camiseta roja y le pregunté si trabajaba ahí, a lo que me dice:

—Yeah, I’m volunteer —soy voluntario.

A ver, a ver, pensé, cómo alguien de tercera edad era voluntario. Lo más curioso es que la gente pasaba por al lado y casi nadie se acercaba a preguntar de verdad. Eran exingenieros de Stanford, del Caltech, incluso gente que se había formado directamente en IBM.

A uno de ellos le pregunté que dónde aprendieron a programar o dónde se formaron propiamente para el área de computación, a lo que me dijo que en Nueva York IBM tenía un centro de formación. Me dijo:

—En ese tiempo estábamos inventando los lenguajes de programación y los compiladores, por lo que una de las pocas formas de aprender era ir directo a la fuente, a IBM.

Es decir, no te enseñaban eso en la universidad; ellos estaban creando la universidad del futuro.

Regreso a casa, voy escuchando What You Know de Two Door Cinema Club. Llego a casa y lo normal: dormir y bañarme.

La aventura de Stanford

Computer History Museum – California

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Golden Gate – California

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Dando vueltas por el campus

MEXICANOS TOP

Estaba ya en casa. Realmente la ciudad no me sorprendió tanto como esperaba, es todo bonito y ordenado, nada que no haya visto ya en Europa o China; incluso siento que China es muy superior en cuanto a infraestructura pública. Lo diferente es cómo pensaban los estadounidenses, el hambre de tener cada vez más; a la final son líneas de pensamiento donde ninguna está bien o mal, solo existen.

Una vez llegado al alojamiento del Airbnb, después de tomar un tren y un bus, conocí a unas personas geniales que no solo iban a convertirse en mis amigos, sino en mentores a los cuales te quieres parecer. Cada puerta dentro de la casa era electrónica, por lo que debías digitar una contraseña para entrar a la habitación. Entonces entro a bañarme mientras dejo el celular cargándose, cierro la puerta pero no la bloqueo, para volver a entrar. Oh, sorpresa: la puerta tenía bloqueo automático después de cierto tiempo. Me ducho, salgo y no podía entrar a la habitación, y ni siquiera sabía la clave, pues la tenía en mi celular y mi celular estaba dentro; tampoco sabía que toda la casa era rentera, es decir, el dueño no estaba ahí. Golpeo a la habitación más grande, pensando que era el dueño de casa, y me atiende una persona mexicana. Le pregunto si me puede ayudar con la puerta, a lo que me dice que también está rentando. Solo me reí y dije:

—Y ahora.

Les pedí que me presten un celular para contactarme con el dueño del Airbnb y así lo hicieron; se portaron calidad de personas. Mientras hacíamos todo ese trámite, conversamos y me dijeron:

—¿Qué vas a hacer hoy? ¿Te nos unes?

Y para hacerles la historia corta, me llevaron con ellos en su día de trabajo, fue increíble. Este primer viaje interno fue la primera lección grandiosa que me dio EU. Ellos (eran 3, una pareja de esposos y un socio más) estaban tratando de introducir su marca de mezcal dentro del territorio estadounidense; me dieron clases de negocios intensivas.

Cada día tenían ruta para vender mezcal. Es increíble cómo los mexicanos se apoyan entre ellos. No hubo día que no me vendieron algo; claro que decían que no todos los días eran así, pero particularmente los días que fui fueron todos increíbles: cómo tejían redes de contactos, nunca se quedaban quietos, hablaban con la embajada de México para que en los eventos de California les dejen mostrar su producto, buscaron inversores americanos para decirles que ellos eran buenos en lo que hacían.

No enumero más cualidades porque son muchísimas, aprendí mucho. Coincidencialmente, su inversor era un desarrollador de software de Apple, así que por supuesto que intercambiamos ideas; fue la primera vez que vi la página de Apple en localhost.

La aventura de Stanford

Con mis amigos mexicanos en la embajada de México en California.

La aventura de Stanford

STANFORD

Cuando iba caminando por la universidad, todo era de primera: las canchas, sus instalaciones de piscina, el campus, alumnos en convertibles. Todo se veía increíble.

Asisto a la clase que me tocaba, voy temprano por supuesto, no quería regarla si es que no llegaba a tiempo. Hago el check-in en el congreso, veo mi nombre y el nombre de mi empresa, «Solnus», en una credencial de Stanford. La guardo con mucho cariño. Bien, mi inglés un poco oxidado, intento comunicarme con la práctica cada vez más fluidamente, hasta cogerle el golpe. Me siento, me da vergüenza, todos parecen muy inteligentes. Escucho, aún mi oído se trata de acostumbrar al inglés. Hacen la inauguración, un profesor de Yale expone su paper de IA, no entendí nada y eso me emociona aún más. Hacen un break, tomamos el desayuno, todo all included, no tuve que pagar nada. Había personas de muchas nacionalidades, se notaba solo con el físico: asiáticos, hindúes, norteamericanos, etc. Todos dirigían una empresa.

Para variar, el ecosistema del congreso era de exalumnos de Stanford con startups con viento en popa. Era como estar viviendo un sueño; antes solo en documentales había escuchado de Palo Alto, ahora todos los que estaban ahí vivían en Palo Alto. Había startups que me convencían, otras que no tanto, no le encontraba un factor diferenciador genuino; sin embargo, TODAS las empresas tenían una red de contactos increíble. Por ejemplo, alguien hacía un CRM, su cliente era Verizon, Nike, regresabas a ver y no era un software increíble, era normal; claro, con la portada de que todo era impulsado por IA, pero no era tan genial. Me dedico a escuchar conversaciones, no aporto mucho, trato de entrar en calor.

Luego siguen las exposiciones y llega una profesora de Stanford, alta, de 55 años aproximadamente, que estaba desarrollando un modelo de regresión lineal paralela para predicciones del mercado financiero. Tuvo la osadía de decir:

—ChatGPT tiene que pasar 10 años para que haga lo que mi algoritmo hace.

En ese preciso momento mi cerebro dejó de tomar todo con admiración y de querer entrar en la jugada; imagínense el tamaño de los huevos que tenía esa man para decir eso. Con todo el respeto, claro.

Sabes que estás entre tiburones: mientras acá discutimos cuál IA es la mejor, ellos ven en las fallas del adversario una oportunidad de hacer una startup de millones. Sigo escuchando la conferencia, entre logaritmos y ecuaciones representadas en planos cartesianos, impulsada por computación paralela y redes neuronales. Solo digo: estos manes van en serio. Es decir, en Ecuador para ser desarrollador de software debes saber matemática normal como complemento; para ser nivel Stanford, la matemática debe estar siempre presente, si no sabes eso no eres nadie ahí. Por eso es que toda su arquitectura computacional corre tan rápido, porque sus servicios son desarrollados en función de matemáticas discretas y matemática pura.

La aventura de Stanford

Todo con datos y comparativas

Escucho, callo, aprendo. Nunca falta el tipo que dice que su empresa es la mejor y que no va a perder el tiempo hablando con cualquiera; por suerte yo no estaba hablando, se lo dijo a un colega. Solo me metía a escuchar conversaciones mientras tomábamos jugo o café. Nunca faltan, incluso en Stanford, los que creen saberlo todo, pero en realidad no hacen nada genial. Algo sí les reconozco, y es el tema de contactos y la facilidad para hacerlo, cómo resumir su startup en elevator pitches cortos.

LINKEDIN

Cuando conoces a alguien nuevo y valió la pena, pides o te piden el LinkedIn. Lo que me sorprendió es que hay alumnos de Stanford con un LinkedIn impecable, porque quieren ser reclutados por Google, o una empresa de alto vuelo como Apple o SpaceX; por ende, un chico de 20 o 21 años ya tiene la experiencia de un desarrollador senior de Ecuador. Ese es el nivel de alto rendimiento. Miro mi LinkedIn y no se ve tan mal (soy condescendiente conmigo mismo).

LA CONFERENCIA DE GOOGLE

El gerente de producto de Google dio su conferencia de Gemini; eso ya fue el segundo día, mi oído ya se acostumbró al inglés, lo entendí perfectamente. Lo interesante de esto era lo que pasaba luego de las conferencias: un debate entre mentes privilegiadas del mundo. Recuerdo cómo le preguntaron que cómo iba a hacerlo sostenible si su adversario, GPT, no usaba publicidad, y que su modelo de negocio (el de Google) era la publicidad. A lo que este respondió que probablemente Gemini tenga publicidad luego. Se armó la grande con esta respuesta, porque al tener anuncios ya la respuesta no es genuina, estás induciendo decisiones en la gente; en fin, capaz GPT lo hace sin poner la palabra «anuncio». En fin, estaba fascinado por escuchar en primera fila un debate de primera mano de lo que está pasando en el mundo y lo que se viene.

COMO SE CREA UNA STARTUP EN STANFORD

Esta es la parte donde mi mentalidad cambió definitivamente y, hasta la fecha, acepto una realidad que no debe tener matices. Deben haber prerrequisitos para formar un equipo núcleo de una empresa. ¿Por qué tienen tanto éxito? Sencillo: porque la empresa ya les da haciendo medio trabajo, filtrar la gente que no tiene las cualidades para ser un alumno de Stanford.


A qué me refiero: en mi universidad, por ejemplo, se abrían 60 plazas, de las cuales no escuché que ninguna quedara sin admisión; es más, chicos que nunca quisieron estudiar esto se inscribieron solo porque aún había plazas en sistemas. Si no hay un proceso de selección, el emprendedor tiene que hacerlo por su cuenta y pasan años hasta lograr un equipo con cualidades tanto laborales como técnicas.

Cuando digo que Stanford hace la mitad del trabajo, es decir, de todo el mundo, si hubiera las mismas 60 plazas y 10 mil postulantes, cualquier combinación entre los 60 resultantes va a tener altas probabilidades de éxito. No solo ello: en Stanford es normal que un alumno termine contratando a su profesor o viceversa, hay una horizontalidad tremenda. Imagínate contratar al man que inventó el concepto de lo que estás usando para crear un producto; es un entorno fabricado para el éxito. Si esto fuera un deporte, sería como un centro de alto rendimiento.

¿Podemos hacer lo mismo? Sí. ¿Demora? Mucho más que en un Stanford, con seguridad, por el entorno, los contactos, la mentalidad, la materia prima, etc. El que demore no quiere decir que no sea posible, pero cualquiera que lo intente debe estar dispuesto a esperar su turno, o, como dicen varios autores, la mezcla de oportunidad con preparación = SUERTE.

Inteligencia Artificial

¿Hacia dónde vamos? No a resolver el test de Turing; ya quedó demostrado que las máquinas hacen cualquier cosa mejor que nosotros. El propósito de la IA no es imitar el cerebro humano, es procesar gigantescas cantidades de información usando vectores. Si crees que la IA es como un humano avanzado, despierta; cuando lo aceptes, con gusto podemos conversar. Por qué lo digo: porque mucha gente piensa que la IA nunca va a hacer como un humano, y están en lo cierto, pero el hecho que omiten es que la IA nunca se quiere parecer a un humano. Si Charles Darwin estuviera vivo, probablemente pondría a debate si es la nueva especie de la cadena evolutiva. Incluso Michio Kaku, en su libro La física del futuro, dice que la humanidad tiene 3 caminos: el primero, la IA destruye la humanidad y es el siguiente eslabón de la cadena evolutiva; el segundo, que la IA se fusione con el humano para crear androides, siguiendo con el mismo precepto de adaptación de la teoría de la evolución; y tercero, y menos probable, que la humanidad destruya la IA porque es una amenaza a su continuidad.

Perdón el salto abrupto de la narración, a veces me emociono.

TURISMO

Fui al Golden Gate imaginando la canción de Florida en mi cabeza, luego repitiéndola una y otra vez en mis audífonos; me recordaba la película de los pasantes de Google. Estaba prácticamente volando, viendo cómo todo funcionaba, la tecnología, visitando museos en Stanford, explorando el campus, caminando a veces sin sentido y sin mapa para ver qué encontraba. Esto siempre me gusta hacer, uno aprende mucho más de cómo en realidad funcionan las cosas.

Fui a la embajada de México en California, a una reunión a la que me invitaron mis amigos mexicanos. Conocí autoridades de México que celebraban su independencia y no podían faltar a promocionar su mezcal; personas increíbles.

En una parte de un museo estaba Herbert Hoover, un expresidente de los Estados Unidos que estudió en Stanford. Esas ideas que aún son vanguardistas, ellos las tuvieron en 1891; pienso, estamos en 2026 y aún ni siquiera pensamos así, mucho menos vamos a poder hacerlo mejor en el corto plazo si no fortalecemos el sistema educativo.

OFICINA NUEVA

Mientras tanto, en Loja se terminaba de construir la nueva oficina de Solnus, una oficina moderna a la altura de nuestro equipo. Tanto esfuerzo y tanto sacrificio; creo que era hora de una mejora espectacular. No voy a ahondar mucho en el tema, más bien los invito a visitarla, a tomarse un café.

Ya tenemos nuestra área de café, nuestra salita de reuniones, muchos tomacorrientes, los televisores ordenados, todo moderno; cambiamos un poco las sillas, casilleros grandes. En fin, está bien bonito.

Los clientes que han llegado dicen:

—Wow, qué bonito todo.

Creo que una buena imagen también transmite confianza; ese es el cometido y lo hemos logrado.

Es un lugar al que vamos todos los días, así que por qué no hacer bonito el lugar al que vamos todos los días, para ir con más ganas.

Traigan pan, que aquí hay café.

Qué viene

Mejorar nuestros sistemas, fortalecer la imagen, expandirnos y sobretodo, hacer lo que nos gusta.

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