PROPÓSITO Y TRABAJO EN EQUIPO

Las personas ganan partidos y los equipos ganan campeonatos.

Empiezo esta aventura en Solnus, en la oficina del edificio Colibrí, en la 10 de Agosto. Decido que la oficina se debe remodelar porque ya es hora de empezar a escalar un poco más.
Empecé a construir algo desde que tomé esa decisión sin darme cuenta: un lugar al cual las personas añoren ir. No me refiero solo al espacio físico, sino también a lo que Solnus representa.

Mirada de las mil yardas con el deber cumplido.

ANTECEDENTES

Recuerdo cuando buscaba los primeros pasantes, cuando yo aún era alumno de la UTPL. Sí, un alumno buscando otros alumnos. Con el discurso de “van a aprender lo que hacemos”. ¿Quién en su sano juicio iba a aceptar?, pienso. Si no hago el intento con seguridad, ninguno.

El Sudamericano, lugar donde estudié mi tecnología en diseño, me abrió las puertas a esta locura. Veo al Jonathan del pasado y digo: “qué huevotes que tenía ese man”. Muchos se reían, como es normal; otros, en silencio, aceptaron, tal vez por curiosidad o por aprender. Empezábamos a reclutar al que quería venir, sin filtros; el único requisito era atravesar la puerta de nuestra oficina. Hoy, ocho años después, para una plaza de pasantías postulan mínimo 30 personas. El Jonathan que tenía 21 años nunca se equivocó cuando pensaba que, en algún momento, a veces después de las risas y hasta con un poco de frustración decía: la gente se iba a pelear por estar en la empresa. Con el tiempo los criterios de selección fueron variando y, de manera didáctica, decía: “estamos haciendo un Independiente del Valle; nuestra cantera de pasantes se va a volver nuestra mejor carta de presentación”.

Miro alrededor y veo dentro de la empresa a mejores egresados, mejores alumnos, presidentes de carrera y personas con una alta cualificación intelectual y de principios elevados. Algo que tal vez antes lo veía como una utopía. Todos pasaron por el proceso de ser pasantes hasta convertise en un miembro oficial de Solnus.

 

PASOS NECESARIOS PARA AVANZAR

Este espacio es para hablar desde mi posición de sinceridad. Al inicio pensaba que las buenas personas bastaban… eso en un mundo ideal. Un amigo me dijo una vez: “tu empresa debe ser como tu equipo de fútbol; a veces tienes que traer un Neymar para subir el nivel del equipo, mejorar la competitividad”. Pasó casi al pie de la letra: tenemos brasileños en el equipo, y desde la última preselección de ingreso ya hay postulantes de Brasil que quieren entrar a Solnus. Creo que, si esto fuera un equipo de fútbol, yo sería una especie de DT. Si fuera música, un director de orquesta. No soy el que entona mejor o mete goles; mi tarea es brindarle un norte a todo esto. Pero ¿cuál es el norte? ¿Por qué las mentes más brillantes de Loja van a querer jugar en este equipo, en nuestro equipo?

Ese norte me ha tenido pensativo por algunos años. Pero primero hay que pulir los diamantes. ¿Cómo caminar hacia algo que solo yo entiendo? Imposible. Las personas ganan partidos y los equipos ganan campeonatos.

Cuando tenía 25 y empecé a viajar por el mundo, quería que la gente entendiera lo que yo veía. Pasé así unos dos años más tratando, de alguna manera, de “evangelizar” al mundo a ver que hay más mundo afuera, valga la redundancia.

La respuesta era clara: tienes que llevarte al equipo. Primer obstáculo: los fondos. Esta vez todo era diferente; ya lo había intentado antes. Esta vez los chicos fueron los proponentes. Seis personas decidimos ir a Brasil: medio equipo.

 

Aquí y allá, compartiendo con el Team.

CONFIAR EN LOS INTENTOS

Basta con que uno —o los seis— cambie la mentalidad y pueda meter ese centro que nos lleve a la tan ansiada victoria. No solo eso: me animé a postular como ponente en uno de los eventos más grandes del mundo. Estaba motivado. Por un momento recordé al yo de 22 que no se le agüevaba a nada.

Después de haber enviado la postulación para ponente, me da un poco de ansiedad y envío solicitudes a muchas universidades de Estados Unidos. Esto pasa algunos meses antes de ir a Brasil, sinceramente pensé que no iba de ponente y dije si me rechazan un lado mejor que me rechacen en varios.

Recibo un correo diciendo que mi palestra fue aprobada y que São Paulo me recibía con los brazos abiertos como ponente. Un paso muy grande para mi ciudad y mi país. Un evento que hizo sold out súper rápido. Un aparecido les iba a enseñar cómo cobrar. Nuevamente pienso: esta vez, más que por voluntad, la gente está pagando por vernos; y no solo eso, está convencida de que lo que voy a exponer vale la pena. De 730 postulantes fuimos 70 los elegidos: solo el 10 %. Unos completos monstruos. La verdad, me daba mucha incertidumbre pensar si mi tema iba a calar en la comunidad más grande de programación.

Un mes después llega un correo de una filial de Harvard, invitándome a su escuela de negocios, no era beca eran 2 semanas intensivas, casi 15k por 2 semanas, pienso en todos los gastos, declino y lo planifico para el siguiente año. Aunque me quedo pensativo, estoy entrando a ligas más grandes.

El equipo se consolida. Llegamos a São Paulo y pasan dos cosas: una obvia, que es el aumento de camaradería con intensidad del equipo que fue a Brasil; y la segunda, la resiliencia y altura que mostró el equipo que se quedó. Parecía que toda mi vida pasaba delante de mis ojos. “He construido un motor”, pensaba, “que empieza a generar autonomía”. Pienso en el término autonomía y recuerdo a los carros eléctricos. Me pregunto: ¿autonomía hasta cuántos km?

 

SEGUNDA PARADA RÍO DE JANEIRO

Siento un poco más de presión porque, ahora que la gente ya sabe lo que hay afuera, va a esperar más. Eso me quita el sueño un par de días o me pone pensativo mientras bebo un par de cervezas con mi equipo. Qué chévere ver a São Paulo, gigante como siempre: su metro, su gente, clases en portugués, en inglés. Para mí supone algo normal; para los demás, algo nuevo. A diferencia de mí, ellos captaron más rápido todas las clases y palestras. Recuerdo: ya no estoy solo. La gente que me acompaña es intelectualmente más brillante que yo. Me hace volver en mí mismo y me inspira a mejorar yo también.

Cada quien asiste a sus clases. Comentamos en casa lo aprendido o cómo se hacían esfuerzos para comunicarse con las personas: con el del Uber, con los compañeros o simplemente para comprar algo. Siento un poco de envidia por la soltura y facilidad de ellos para hacer las cosas, y en silencio me siento orgulloso. Me doy cuenta de primera mano de que Solnus está a la altura de Brasil. Tengo dos cosas en mi cabeza en ese momento: ¿qué nos falta? y ¿hacia dónde vamos?

Pasamos un par de días; hacemos turismo; los llevo a un rooftop, vamos de fiesta; hacemos nuevos amigos; pasamos increíble. Parecía todo un sueño.

Cerrado este paréntesis: termino de exponer. Mi familia está orgullosa de mí. Me siento contento. Expuse en portugués, me hicieron un par de preguntas y pensé: “¿ahora qué?”. Me bebo una cerveza por el deber cumplido, una buena Spaten. Preparamos maletas para ir a Río de Janeiro.

 

Yo exponiendo en portugués en el Python Brasil 2025.

BUENAS NOTICIAS

Llegamos: el ambiente alegre, como era de esperarse. Durante todo el viaje abrimos las compus, no paramos de trabajar. Al segundo día de estar en Río veo un correo de la escuela de Negocios de Stanford. Lo leo en silencio. Vi que mi carta de intención para un congreso de inteligencia artificial fue aceptada, no tenía que pagar nada. Me siento orgulloso de mí mismo, algo que no esperaba. Al mismo tiempo me da vergüenza contarlo al resto porque, soy sincero, un viaje y una remodelación lo dejan a uno viendo al espacio en deudas. Así que lo tomo cautelosamente. Lo converso con mi familia; me dicen que está muy bien, y yo por dentro pensando cómo ir si ya no había de dónde, a pesar de que solo eran pasajes y. Hospedaje a diferencia de Harvard. En el siguiente blog les cuento cómo logré financiar esa próxima ida. Dos días después lo cuento a más personas, incluido el equipo, y me motivan a ir. Me dicen que es una oportunidad única. Lo veo de esa manera. Decido disfrutar el momento, admirar la playa, dormir un poco y, por qué no, unas Spaten.

Hacemos amigos de esos de un día en la playa. Los chicos ven su primera maravilla del mundo: el Cristo Redentor. Me siento contento. En este viaje me sentí muy calmo; a diferencia de los otros, más tengo fotos que me pasaron que las que yo tomé.

Volvemos a Loja con vida, nos comemos el mundo y la oficina está casi lista. Momento para pensar en el siguiente movimiento.

 

Vistón desde las oficinas de Google Brasil, fuimos para ver como era.

Me llega una invitación a WhatsApp: hay un meeting en el Sheraton de Quito. Pienso: Estoy reajustado. Me resigno a no ir. Voy pensando esto mientras subo al trabajo en el bus. Me pongo a pensar vainas. Digo: “debería comprarme un carro y no una oficina más grande”. Luego digo en inglés, en mi cabeza, como quien dice preparándose para Stanford: “No one cares”. Repito y hago un mix: “no one cares… que valga la pena”. Me motiva un miembro del equipo; no dice mucho, solo me dice: “pienso que debes ir”. Agarro una maleta y voy a Quito.

El tema central: la integridad. Escucho con atención. Las conferencias no me sorprenden al inicio, hasta que llega Orlando de EnchufeTV y da su perspectiva. Ya había escuchado a Jorge Ulloa. Me doy cuenta: la estabilidad de esa empresa recaía sobre Orlando. Me quedo pasmado. Quiero que esa conferencia dure más. Narra episodios que vivieron, parecidos a los que habíamos vivido. Mi madurez actual silencia las voces en mi cabeza y solo una resuena luego de un silencio: “¿sí ves? Estás haciendo bien; ten fe”. Ellos también pasaron por lo mismo.

Siguen las charlas y luego un espacio de networking. Me quedo en una esquina y ya había fichado a la persona con quien quería hablar. Un exalumno de Cambridge. Abro ChatGPT y le pregunto: “¿qué debo preguntarle que valga la pena?”. No me convence nada de lo que me da. Así que soy honesto: me acerco y le cuento mi idea. Me recibe amablemente. Conversamos por 15 minutos. No tuve que explicar mucho: lo entendió. Y me dice: “para conseguir tu idea debes apalancarte en otros países; no lo vas a conseguir solo con Ecuador”. Nos emocionamos; somos empresarios, a la final. Con sus manos dibuja en el aire una especie de mapa con pasos a seguir. Me ilusiono. Me callo. Agradezco. Me despido. Y ya sé lo que tengo que hacer.

En el Sheraton con Orlando de EnchufeTV.

En el Go Quito con Jorge Ulloa

NORTE CLARO

Recuerdan esas preguntas de arriba. Ya todas fueron respondidas. El camino está largo, pero ya sé a dónde puedo llevar este barco de gente brillante.

A veces siento que los libros que leo son para 15 minutos de conversación. Pienso en los velocistas que entrenan años para un minuto de carrera, o 10 segundos en los 100 metros planos. Por alguna razón recuerdo a Álex Quiñónez, un velocista ecuatoriano. También la charla de Orlando y los libros que leí: todos tienen un denominador común, tan fácil de entender. Todo esto lo tengo que hacer siendo bien ecuatoriano.

Miro el contexto actual. Tengo fe en mí, en mi equipo. Amplío aún más mi visión y digo: no todo es malo. La visión de Solnus debe ser poner a Ecuador en el mundo. A lo largo de este capítulo, obvio han habido altos y bajos, prefiero contar la aventura con lo aprendido.

Se me vienen muchas referencias a la cabeza. Termino de escribir esto de camino de vuelta a Loja, con una ilusión grande, con un equipo de alto nivel, metas claras y una ruta trazada. Voy a preparar mis maletas para ir a Stanford. Mientras pienso en ello, recuerdo una charla que tuve con uno de los chicos de Solnus y le decía —porque lo vi desmotivado— que la vida es del goce a veces, porque historias como las nuestras son dignas de ser escritas. Y si nuestra vida fuera un libro, me gustaría leerlo un par de veces. Y mientras más conflictos, la cosa se pone más interesante. 

Paso inmediato, una vuelta por las Artes vivas de mi lojita querida, una misa en la Catedral y todo en orden.

Irán a conocer la nueva oficina, pero lleven pan 🥳

 

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